- Reju construirá una planta textil en Lacq para reciclar el poliéster de la ropa usada.
- Por qué el nuevo centro de Lacq en Francia podría cambiar el mercado del poliéster reciclado
- Cómo funciona el reciclaje químico de textiles de poliéster desarrollado por Reju
- ¿Cuál es el valor del proyecto Reju en Francia, considerando la capacidad de producción, las inversiones y el empleo?
- Por qué hoy en día el 98% del poliéster reciclado todavía proviene de botellas de PET
- El verdadero problema del textil a textil: mayores costos del poliéster virgen y demanda frágil
- Francia y Europa están creando un entorno regulatorio favorable al reciclaje textil.
- Lacq como centro industrial para la química circular: por qué Reju eligió este emplazamiento.
- Los riesgos industriales y financieros del reciclaje textil a gran escala en Europa
¿Podrá el proyecto Reju en Francia realmente cerrar el ciclo de los textiles de poliéster?
La filial de Technip Energies desarrollará en Lacq un hub industrial para transformar ropa usada en nuevo poliéster reciclado, con un objetivo de alrededor de 50.000 toneladas anuales por sitio
Autor: Marco Arezio, experto en economía circular, reciclaje de polímeros y procesos industriales de los materiales plásticos. Fundador de la plataforma rMIX, dedicada a la valorización de los materiales reciclados y al desarrollo de cadenas de suministro sostenibles.
Fecha de publicación: 26 de marzo de 2026
Tiempo de lectura: 19 minutos
Reju en Lacq: no solo una nueva fábrica, sino una prueba decisiva para la economía circular del textil
La decisión de Reju de desarrollar en Lacq, en el suroeste de Francia, una gran planta de reciclaje de poliéster textil merece atención porque no se trata simplemente de la apertura de un nuevo sitio industrial. Se trata de una cuestión mucho más delicada: entender si el reciclaje textile-to-textile del poliéster puede salir de la fase demostrativa y convertirse en una verdadera infraestructura industrial europea, capaz de transformar prendas usadas en nueva materia prima textil en cantidades significativas. Reuters informa que cada sitio industrial previsto por Reju apunta a unas 50.000 toneladas anuales de poliéster reciclado, pero también precisa que la decisión final de inversión aún no se ha tomado y que el material reciclado costará al menos el doble que el poliéster virgen.
El proyecto francés se inserta en una estrategia más amplia. Reju, empresa controlada por Technip Energies, ya ha puesto en marcha en Fráncfort una planta piloto llamada Regeneration Hub Zero y ha anunciado otros hubs en los Países Bajos y en Estados Unidos. La idea, por tanto, no es construir una sola planta simbólica, sino una red industrial que intente dar escala a una tecnología de despolimerización del poliéster posconsumo. En el caso de Lacq, la empresa afirma que el sitio utilizará flujos textiles procedentes de la recogida y el reciclaje nacionales, generando unos 80 empleos directos y más de 300 indirectos, siempre supeditados a la decisión final del consejo de administración de Technip Energies.
Por qué el poliéster es el núcleo del problema textil global
Para entender el significado industrial del proyecto de Lacq hay que partir de un dato estructural: el poliéster domina el sistema de la moda. Textile Exchange señala que en 2024 la producción mundial de fibras alcanzó aproximadamente 132 millones de toneladas, frente a los 125 millones de 2023, y que el poliéster representa ya el 59 % de la producción mundial de fibras; de esa cuota, el 88 % sigue siendo de origen fósil. En el mismo informe se indica que la producción podría llegar a unas 169 millones de toneladas en 2030 si el sector continúa sin cambios de fondo.
Esto significa que hablar de circularidad textil sin abordar el poliéster es, en esencia, un ejercicio retórico. No estamos ante una fibra marginal o especializada, sino ante el principal soporte material de la indumentaria global, desde la moda rápida hasta la ropa deportiva. Si el poliéster sigue ligado a insumos fósiles y a un final de vida predominantemente lineal, toda la narrativa sobre la moda circular también corre el riesgo de reducirse a una operación de marketing ambiental más que a una transformación industrial real.
Sin embargo, el punto más crítico es otro: el mercado del poliéster reciclado ya existe, pero en su inmensa mayoría no nace de la ropa. Textile Exchange afirma que en 2024 el poliéster reciclado ascendió a unas 9,3 millones de toneladas, pero que el 98 % de ese volumen sigue procediendo de botellas de plástico, no de residuos textiles. Además, menos del 1 % del mercado global de fibras procede de textiles reciclados preconsumo o posconsumo. Es aquí donde el proyecto Reju adquiere un valor estratégico: intenta desplazar el reciclaje del modelo “bottle-to-fiber” al modelo “garment-to-garment”.
Cómo debería funcionar la planta de Reju
Según Technip Energies, el hub de Lacq utilizará una tecnología propietaria de despolimerización para tratar textiles posconsumo y transformarlos en rBHET, una materia prima regenerada a partir de la cual se obtendrá posteriormente nuevo PET de calidad textil. La empresa explica que este intermedio será después repolimerizado en Reju PET, destinado a ser reintroducido en la cadena de valor del poliéster. Reju atribuye esta tecnología al desarrollo conjunto con IBM Research y la presenta como la base de una plataforma industrial pensada para la trazabilidad textile-to-textile.
Desde el punto de vista técnico, la ventaja teórica de la despolimerización es clara: en lugar de limitarse a refundir y reprocesar un polímero ya degradado, el proceso pretende devolver el material a un intermedio químico a partir del cual se puede reconstruir un poliéster con propiedades más controlables. En teoría, este enfoque es más adecuado que el simple reciclaje mecánico cuando se trabaja con residuos textiles heterogéneos, contaminados o que ya han pasado por varios ciclos de vida.
Sin embargo, la solidez del principio químico por sí sola no basta para garantizar la sostenibilidad económica de una planta industrial: todo depende de la pureza de los flujos de entrada, de la eficiencia de separación, del consumo energético, de la calidad de la salida y del precio que el mercado esté dispuesto a reconocer al producto final. Se trata de una deducción industrial coherente con los datos disponibles sobre las dificultades de clasificación, la calidad del feedstock y el coste final.
Reju sostiene además que su poliéster regenerado tiene una huella de carbono un 50 % inferior a la del poliéster virgen y que está diseñado para ser reciclado varias veces. Sin embargo, es correcto señalar, desde una perspectiva EEAT, que esta es una declaración corporativa recogida en los materiales de la empresa, no una verificación independiente contenida en las fuentes examinadas aquí. Para un inversor, un comprador o una gran marca, la cuestión no es solo creer en la promesa técnica, sino entender cómo esa promesa se traduce en costes, especificaciones, disponibilidad constante y fiabilidad del suministro.
El verdadero muro que hay que superar: el coste del reciclado
El dato más importante que emerge de Reuters quizá no sea la capacidad de producción, sino la diferencia de precio: el poliéster reciclado que saldrá de estos sitios industriales costará al menos el doble que el poliéster virgen. Reuters añade que Reju prevé inversiones del orden de 300 a 400 millones de euros por sitio, y que el CEO Patrik Frisk considera sostenible esa prima de precio porque el coste del material incide solo en una parte del coste total de la prenda. Pero el mismo reportaje subraya que, en un mercado de la moda ferozmente competitivo, el factor decisivo sigue siendo el precio y que los consumidores muestran una disposición limitada a pagar más por productos más sostenibles.
Aquí se ve toda la fragilidad del sector. El textile-to-textile del poliéster es técnicamente prometedor, pero industrialmente se encuentra comprimido entre dos presiones opuestas. Por un lado, están las elevadas inversiones, la complejidad de las plantas y los altos costes de tratamiento; por otro, existe un mercado de la ropa que en los últimos años ha acostumbrado al consumidor a precios bajos, renovación rápida de las colecciones y márgenes comprimidos.
En una configuración así, el reciclaje textil avanzado no puede sostenerse solo con virtud ambiental: necesita contratos de compra a largo plazo, una regulación favorable y una disponibilidad de feedstock suficientemente estandarizada. Se trata de una valoración, no de un dato numérico, pero deriva directamente del cruce entre capex, diferencial de precio y sensibilidad del mercado recogidos por las fuentes.
Reuters también recuerda un precedente incómodo: Renewcell, respaldada por H&M y activa en el reciclaje químico de textiles celulósicos, quebró en 2024 antes de ser adquirida y rebautizada como Circulose, sin que la producción haya vuelto a arrancar todavía. Este punto es fundamental porque muestra que la disposición de las marcas a apoyar en teoría la circularidad no coincide automáticamente con la capacidad del negocio para sostenerse en la práctica. Al sector no le falta storytelling; lo que todavía le falta, en muchos casos, es una prueba plenamente convincente de bancabilidad industrial.
Por qué hoy casi todo el poliéster reciclado procede de botellas y no de ropa
El hecho de que el 98 % del poliéster reciclado provenga de botellas PET no es casual. Las botellas son, por definición, un flujo mucho más homogéneo: composición relativamente estándar, sistemas de recogida consolidados, procesos de clasificación maduros y mercados ya estructurados para el reciclaje. Los residuos textiles, por el contrario, suelen llegar como mezclas complejas de fibras, acabados, elastómeros, colorantes, accesorios metálicos, contaminaciones derivadas del uso y composiciones poco transparentes. Reuters también señala que esta dependencia de las botellas es criticada porque desvía PET de un circuito de reciclaje ya consolidado.
La Comisión Europea lo ha descrito con claridad en la Estrategia para los textiles sostenibles y circulares: los tejidos mezclados, como el poliéster con algodón, hacen más difícil el reciclaje por la escasa disponibilidad de tecnologías eficaces de separación; el elastano puede comportarse como contaminante en casi todas las tecnologías de reciclaje de fibras, afectando a la viabilidad económica y al coste ambiental del proceso; incluso la mezcla entre distintos tipos de poliéster puede empeorar la procesabilidad del residuo y la calidad del material reciclado. Por tanto, no se trata solo de construir “más plantas”, sino de afrontar un problema de diseño de producto y de calidad de los flujos de entrada.
Esto conduce a una conclusión incómoda pero realista: si la ropa sigue diseñándose sin pensar en el final de vida, plantas como la de Lacq tendrán que realizar un trabajo de “remediación industrial” muy costoso para hacer reciclable aquello que no fue pensado para serlo. En este sector, la verdadera economía circular no nace aguas abajo, en la planta; nace mucho antes, aguas arriba, en las decisiones de diseño, composición, etiquetado y trazabilidad.
Por qué Francia puede ser un terreno favorable
La elección de Francia no parece casual. El sistema francés de EPR textil es uno de los más estructurados de Europa: la guía 2026 de Refashion recuerda que el principio de responsabilidad ampliada del productor para ropa, ropa de hogar y calzado está en vigor en Francia desde el 1 de enero de 2007, y que quienes introducen estos productos en el mercado deben contribuir a la ecoorganización competente. En otras palabras, Francia dispone desde hace años de una infraestructura regulatoria que reconoce económicamente la gestión del final de vida en el sector textil.
El marco europeo también avanza en la misma dirección. La Comisión Europea incluye entre los pilares de su estrategia textil requisitos de ecodiseño, Digital Product Passport, lucha contra la liberación de microplásticos, restricciones a la exportación de residuos textiles y normas armonizadas de EPR para todos los Estados miembros. La página actualizada sobre la Waste Framework Directive especifica además que la revisión de 2025, que entró en vigor el 16 de octubre de 2025, tiene precisamente como objetivo armonizar el mercado de los textiles usados y de los residuos textiles, obligando a cada Estado miembro a establecer su propio sistema EPR.
Para el proyecto Reju esto cuenta muchísimo. Una planta de reciclaje químico puede volverse competitiva más fácilmente si opera en un contexto donde los costes de recogida, clasificación, preparación para la reutilización y reciclaje dejan cada vez más de descargarse íntegramente en el mercado spot y están cada vez más acompañados por obligaciones regulatorias y responsabilidades económicas de los productores. Esto no significa que la regulación vaya a resolverlo todo, pero sí significa que la rentabilidad de la planta no dependerá únicamente de la diferencia neta entre el precio del poliéster virgen y el del poliéster regenerado. Se trata de una inferencia económica razonable basada en la arquitectura EPR descrita por las fuentes oficiales.
Por qué Lacq es un sitio industrialmente creíble
Luego está la cuestión geográfica e industrial. Lacq no es una localidad elegida por razones de imagen, sino una cuenca química industrial con infraestructuras ya existentes. El sitio oficial de SOBEGI describe Induslacq como una plataforma multiempresa nacida en el antiguo emplazamiento de Total, pensada para apoyar el rendimiento industrial mediante redes y servicios compartidos. El portal “Lacq Advantage” habla de utilities compartidas, agua industrial, tratamiento de aguas, vapor, servicios de seguridad, mantenimiento, control ambiental, red ferroviaria y un ecosistema con empresas, centros de I+D y una lógica explícita de ecología industrial y valorización de subproductos.
Para una planta de reciclaje químico de poliéster, esto es una palanca concreta de reducción del riesgo. Disponer de utilities ya disponibles, competencias químicas en el territorio, servicios mutualizados y un entorno acostumbrado a gestionar procesos industriales complejos puede reducir los tiempos de puesta en marcha, los costes indirectos y el riesgo operativo. También aquí hace falta prudencia: un buen sitio no elimina el riesgo de negocio. Pero hace más creíble la hipótesis de que Reju no está construyendo una operación simbólica, sino un proyecto pensado para dialogar con una infraestructura química ya existente.
¿Puede realmente el proyecto Reju cambiar el mercado?
La respuesta más seria es: puede cambiar la dirección del mercado, pero todavía no sus reglas fundamentales. Hoy el verdadero mercado del poliéster reciclado sigue dominado por las botellas, mientras que el textile-to-textile sigue siendo minoritario. Reju intenta precisamente cerrar esa brecha con una lógica industrial más robusta que la de una simple planta piloto: respaldo de un gran grupo de ingeniería, tecnología propietaria, múltiples sitios y el intento de construir un ecosistema de recogida, clasificación y adopción aguas abajo. Todo esto es relevante. Pero Reuters recuerda que el punto de equilibrio aún no se ha demostrado: el coste es alto, las decisiones finales de inversión siguen pendientes y el sector ya ha experimentado fracasos o ralentizaciones importantes.
El verdadero punto de inflexión llegará solo si cuatro condiciones avanzan juntas: disponibilidad de residuos textiles mejor clasificados; diseño de prendas más compatible con el reciclaje; acuerdos de offtake creíbles por parte de las marcas; y una regulación europea capaz de premiar el contenido reciclado sin destruir la competitividad industrial. Si falta aunque sea uno solo de estos pilares, la planta de Lacq corre el riesgo de seguir siendo una realización tecnológicamente brillante pero económicamente frágil. Si, por el contrario, estos factores convergen, Lacq podría ser recordado como uno de los lugares donde el reciclaje del poliéster dejó de ser una promesa y empezó a convertirse en una verdadera cadena de suministro. Se trata de una valoración prospectiva basada en los datos industriales y regulatorios actualmente disponibles.
Conclusión
El proyecto francés de Reju no debe leerse como una noticia aislada, sino como un indicador de la fase histórica en la que ha entrado el textil europeo. Durante años, el sector ha podido exhibir el poliéster reciclado como símbolo de sostenibilidad incluso cuando ese reciclado procedía principalmente de botellas. Hoy, en cambio, el nudo se ha desplazado: la verdadera pregunta ya no es si el poliéster reciclado existe, sino si el sistema de la moda es capaz de reciclar sus propios residuos textiles de una manera industrialmente seria. El sitio de Lacq es importante precisamente porque intenta dar una respuesta concreta a esta pregunta.
Pero el capítulo decisivo del caso Reju aún está por escribirse. Mientras el precio del reciclado siga siendo al menos el doble que el del virgen, mientras los residuos textiles sigan siendo difíciles de separar y mientras el diseño de las prendas no cambie de verdad, el textile-to-textile seguirá siendo una frontera avanzada pero todavía vulnerable. En este sentido, Lacq es al mismo tiempo una promesa industrial y una prueba de verdad para toda la economía circular del textil europeo.
FAQ
¿Qué hará exactamente la nueva planta de Reju en Lacq?
Transformará textiles posconsumo en una materia prima regenerada llamada rBHET, que posteriormente será repolimerizada en nuevo PET destinado a la producción de poliéster reciclado para uso textil. El proyecto está impulsado por Reju, empresa controlada por Technip Energies.
¿Qué tamaño tendrá la planta francesa?
Reuters indica que los sitios industriales previstos por Reju apuntan a unas 50.000 toneladas anuales cada uno; el sitio de Lacq forma parte de este diseño industrial.
¿Por qué es tan importante el textile-to-textile del poliéster?
Porque el poliéster es la fibra dominante a escala mundial y, pese al aumento del poliéster reciclado, el 98 % del reciclado disponible sigue procediendo de botellas PET, no de ropa usada. Cerrar el círculo de los textiles es, por tanto, el paso que realmente falta.
¿Cuál es el principal obstáculo económico del proyecto?
El coste: Reuters informa de que el poliéster reciclado producido por estas plantas costará al menos el doble que el poliéster virgen. A ello se suman capex elevados y un mercado final todavía muy sensible al precio.
¿Por qué la ropa es más difícil de reciclar que las botellas?
Porque los textiles suelen contener fibras mezcladas, elastano, acabados, colorantes y distintos componentes que hacen más compleja la separación y elevan los costes del proceso, además de empeorar la calidad del material reciclado de salida.
¿Es Francia un lugar favorable para este tipo de inversión?
Sí, al menos desde el punto de vista regulatorio e industrial: Francia cuenta con un sistema EPR textil activo desde 2007 y Lacq es una plataforma química con utilities compartidas, servicios industriales y un ecosistema productivo ya bien estructurado.
Fuentes
Reuters, Technip Energies' polyester recycler Reju to build plant in France, 13 de febrero de 2026.
Technip Energies, Reju Announces Site Selection for French Regeneration Hub in Lacq Advancing Europe’s Circular Textile Infrastructure, 13 de febrero de 2026.
Technip Energies / Reju, Reju – Press Brief, 12 de febrero de 2026.
Textile Exchange, Materials Market Report 2025.
Comisión Europea, EU Strategy for Sustainable and Circular Textiles y Waste Framework Directive.
Refashion, Eco-fee guide 2026.
SOBEGI / Lacq Advantage / Chemparc, documentación sobre el polo industrial de Lacq y la plataforma Induslacq.
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