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SHELL NO TENDRÁ QUE REDUCIR SUS EMISIONES UN 45%: EL TRIBUNAL DE LA HAYA ANULA LA SENTENCIA

Medio Ambiente
rMIX: Il Portale del Riciclo nell'Economia Circolare - Shell no tendrá que reducir sus emisiones un 45%: el Tribunal de La Haya anula la sentencia
Resumen

- Shell y la victoria en apelación: se revocó la obligación de reducir las emisiones en un 45%

- El Tribunal de La Haya anula la sentencia: Shell no tendrá que reducir drásticamente las emisiones

- De vuelta a los tribunales: Shell no está obligada a reducir las emisiones para 2030

- Caso Shell: se anula la sentencia de primera instancia sobre las reducciones de CO₂

- El fallo de apelación de Shell marca un punto de inflexión en el litigio climático

- Reducción de emisiones: por qué el Tribunal de La Haya falló a favor de Shell

- La decisión del Tribunal de La Haya plantea nuevas dudas sobre las políticas climáticas corporativas

- Shell y las emisiones: batalla legal ganada, pero persiste la presión sobre los objetivos

El veredicto en apelación anula la obligación impuesta a Shell de reducir drásticamente las emisiones para 2030


por Marco Arezio

La reciente sentencia de la Corte de Apelación de La Haya ha tenido un impacto significativo en el panorama de las causas legales para la reducción de emisiones, anulando la decisión de primera instancia que imponía a Shell una reducción del 45 % de las emisiones de CO₂ para el año 2030 en comparación con los niveles de 2019.

Este fallo representa un giro tanto para la industria de combustibles fósiles como para los grupos ambientalistas, destacando las dificultades legales y científicas relacionadas con la imposición de objetivos climáticos específicos a empresas individuales.


El origen del caso: el veredicto de 2021 y las demandas ambientalistas

En 2021, el tribunal neerlandés había determinado que Shell debía reducir sus emisiones en tres áreas clave: las emisiones derivadas de sus operaciones internas, aquellas relacionadas con la energía utilizada y las procedentes de la cadena de suministro y del uso final de sus productos.

Es importante señalar que la mayor parte de las emisiones de Shell, aproximadamente el 90 %, corresponde a esta última categoría, es decir, a las emisiones producidas por los clientes que consumen los combustibles suministrados por la empresa.

La sentencia representaba una novedad en el ámbito jurídico, ya que se trataba de uno de los primeros casos en los que una multinacional se veía obligada a cumplir con un objetivo de reducción específico como resultado de una acción legal liderada por grupos ambientalistas, entre ellos Friends of the Earth Netherlands (Milieudefensie).


La decisión de la Corte de Apelación: motivaciones e implicaciones

El reciente veredicto de La Haya ha suscitado no pocas polémicas. La Corte anuló la sentencia de primera instancia argumentando que no existe un consenso científico unánime sobre un porcentaje específico de reducción de emisiones al que deba adherirse una sola empresa.

La imposición de un objetivo específico de reducción a Shell, afirmó la Corte, resulta inadecuada sin un acuerdo consolidado sobre parámetros compartidos a nivel mundial.

Otro aspecto fundamental de la decisión se refiere a la eficacia práctica de la obligación impuesta a Shell.

La Corte observó que, incluso si Shell dejara de vender combustibles fósiles, otras empresas podrían llenar fácilmente ese vacío en el mercado, resultando en una reducción global de emisiones poco significativa.

Esta consideración pone de relieve que todo el sector energético, y no solo las empresas individuales, debe participar para una transición efectiva hacia una economía de bajas emisiones de carbono.


Las reacciones de los activistas y la posición de Shell

La decisión ha generado desilusión entre los activistas, especialmente en vísperas de la COP29 en Bakú, donde las expectativas sobre nuevas políticas climáticas son bajas.

Donald Pols, director de Milieudefensie, describió el veredicto como “doloroso”, aunque reconoció algunos puntos positivos.

Por ejemplo, la Corte subrayó que Shell tiene una responsabilidad individual en contribuir a la reducción de las emisiones y cuestionó la coherencia de la exploración de nuevos yacimientos de petróleo y gas en relación con el Acuerdo de París.

Pols también declaró que la batalla legal no ha terminado y que podría presentarse un recurso adicional ante la Corte Suprema neerlandesa.

Por otro lado, el CEO de Shell, Wael Sawan, acogió favorablemente la decisión, declarando que representa una elección “justa” tanto para Shell como para el sector energético de los Países Bajos. Sin embargo, Sawan confirmó que el objetivo de Shell sigue siendo convertirse en una empresa de emisiones netas cero para 2050.

Este objetivo, según la compañía, se alcanzará mediante inversiones significativas en proyectos de bajas emisiones de carbono, con un compromiso financiero de entre 10 y 15 mil millones de dólares previsto entre 2023 y 2025.


Shell y los nuevos objetivos de reducción de emisiones

Ante la complejidad y los desafíos relacionados con los compromisos de reducción, Shell decidió en marzo pasado revisar sus objetivos de reducción de emisiones de CO₂, limitándolos a una reducción de entre el 15 y el 20 % para 2030 en comparación con los niveles de 2016.

Este enfoque, basado en la intensidad neta de CO₂ (la relación entre las emisiones y la energía producida), refleja una visión más pragmática que se centra en la gradualidad de la transición energética, en lugar de reducciones drásticas a corto plazo.


Una señal de alarma para las causas climáticas

El veredicto de La Haya representa un precedente importante para las numerosas demandas presentadas contra las empresas productoras de combustibles fósiles.

Muchas de estas acciones se basan en la exigencia de responsabilidad directa de las empresas por su impacto climático, pero el fallo de la Corte subraya los límites de este enfoque cuando se aplica a empresas individuales.

La dificultad de definir objetivos específicos para cada empresa, la falta de una guía científica clara sobre los porcentajes de reducción específicos y la interconexión del mercado global de combustibles fósiles ponen de relieve los desafíos en la implementación de políticas climáticas eficaces a nivel empresarial.


Conclusiones

La sentencia de la Corte de Apelación de La Haya sobre Shell representa una encrucijada importante para las políticas climáticas empresariales y para las acciones legales que buscan involucrar directamente a las empresas en la lucha contra el cambio climático.

Si bien el fallo parece frenar las ambiciones de los grupos ambientalistas, también subraya la necesidad de un enfoque sistémico que involucre tanto a los gobiernos como a toda la industria energética.

La cuestión de cómo conciliar la sostenibilidad con las exigencias de un mercado global requerirá soluciones más matizadas y concertadas para garantizar una transición efectiva hacia una economía de bajas emisiones.

Por ahora, el caso de Shell ilustra el complejo equilibrio entre la responsabilidad empresarial y los objetivos globales, y sugiere que el camino hacia un mundo de bajas emisiones requerirá un compromiso y cooperación que van más allá de las demandas legales individuales.

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