Más allá de la cumbre. Capítulo 3: El ascenso final, la tragedia y el legado de los hermanos Messner en Nanga Parbat
- Nanga Parbat: el sueño y la pesadilla de la expedición de los hermanos Messner
- La cara del Rupal: el desafío más extremo del montañismo en el Himalaya
- Preparación y estrategia: el estilo alpino de Reinhold y Günther Messner
- Ascendiendo a la cima: El momento de gloria en el Nanga Parbat
- El descenso fatal: el deterioro del clima y la lucha por la supervivencia
- La tragedia de Günther Messner: el drama de la separación a gran altura
- Reinhold Messner Solo contra el Himalaya: El regreso entre los vivos
- Las polémicas y controversias: la versión de los hechos de Reinhold Messner
- El impacto de la expedición de 1970 en la historia del montañismo
- El recuerdo de Günther Messner: un legado grabado en la montaña
Todos los capítulos
- Más allá de la Cumbre. Capítulo 1: El llamado de la montaña
- Más allá de la Cumbre. Capítulo 2: Preparación y salida
- Más allá de la Cumbre. Capítulo 3: El ascenso final y la tragedia
Nanga Parbat: la dramática conclusión de la expedición de los hermanos Messner en la Pared Rupal
por Marco Arezio
La alborada de aquel día decisivo se alzó como un presagio en el Campamento más Alto, un lugar suspendido entre la tierra y el cielo, donde la vida de cada uno parecía reducida a lo esencial. El Nanga Parbat, con su majestuosidad y ferocidad, se revelaba en toda su cruel belleza.
Allí, en la Pared Rupal, los hermanos Reinhold y Günther Messner sabían que estaban a un paso de hacer realidad su sueño o de caer en una pesadilla sin retorno.
La atmósfera en el pequeño campamento era tensa; cada gesto adquiría un significado vital, cada susurro resonaba en el aire enrarecido. La respiración de todos se volvía afanosa debido a la gran altitud, y hasta la luz del sol, que se filtraba entre las crestas nevadas, parecía un aviso de la fragilidad de la vida en esas laderas.
Para llegar a este momento, los dos hermanos habían invertido todo: meses de entrenamiento, una meticulosa selección del equipo, estudios detallados sobre posibles rutas de ascenso y vías de escape. Habían elegido el estilo alpino, que los obligaba a ser autosuficientes y a actuar con rapidez. Ahora se encontraban allí, frente al tramo final de la Pared Rupal, listos para aventurarse en lo desconocido.
El “Push” hacia la cumbre
Las primeras horas de ascenso estuvieron marcadas por un ritmo constante y consciente, fruto de una preparación que iba más allá de la mera fuerza física. Reinhold y Günther, unidos por la cuerda y por un antiguo vínculo fraternal, avanzaban con pasos medidos, confiando en sus piolets y crampones para ganar terreno en tramos de hielo y roca.
A pesar del cansancio y la concentración requeridos, de vez en cuando se intercambiaban miradas de aliento. En esos momentos, la montaña parecía suspender brevemente su rigor para concederles un instante de sintonía, un latido de calor humano en medio de la gélida inmensidad.
La sección más peligrosa resultó ser un corredor de hielo particularmente traicionero, donde el riesgo de aludes y de caída de bloques de hielo era constante. Los Messner alternaban técnicas de escalada vertical en hielo —con el cuerpo pegado a la pared— y pasajes donde la roca aflorante exigía maniobras de escalada mixta, aún más arduas debido a la falta de oxígeno.
Cada golpe de piolet, cada paso con crampones, costaba una fracción de energía que podría resultar decisiva al final de la jornada. Y sin embargo, impulsados por la adrenalina y el deseo de conquistar aquella legendaria montaña, los dos hermanos continuaban ascendiendo con determinación, conscientes de que el tiempo meteorológico en el Himalaya es un rival impredecible y a menudo implacable.
El instante del triunfo
Cuando por fin alcanzaron la arista cimera, una luz casi irreal iluminó la nieve y el hielo. El viento, que aullaba sin cesar por aquellas laderas, parecía ahora transformarse en una suerte de coro lejano, un canto que daba testimonio de su entrada en una dimensión extrema. Cada paso hacia la cumbre era un cuerpo a cuerpo con la falta de oxígeno y el propio límite psicológico.
La visión del mundo a sus pies era a la vez sobrecogedora y grandiosa: picos lejanos, vapores que ascendían desde los valles y esa sensación de flotar, como si la montaña se hubiera convertido en una pasarela suspendida sobre el vacío. Reinhold y Günther eran conscientes de que, a esas altitudes, un paso en falso o un momento de distracción podía resultar fatal.
El momento en que pisaron la cumbre del Nanga Parbat fue un instante de éxtasis y conmoción. No había multitudes para recibirlos, ni banderas ondeando, ni fanfarrias. Tan solo el silencio sideral de la gran altura y el palpitar acelerado de sus corazones.
Reinhold contaría más tarde que experimentó una sensación de “vacío absoluto”: una mezcla de una alegría inmensa, de gratitud por haber llegado hasta allí con su hermano, pero también de presentimiento, como si la montaña susurrase que el mayor desafío no era el ascenso, sino el descenso.
El inicio del descenso y la tormenta repentina
La cumbre, por muy soñada que sea por cualquier alpinista, no representa más que la mitad del camino. Reinhold y Günther eran conscientes de ello y no se detuvieron mucho tiempo allí arriba: un velo de nubes negras en el horizonte les hizo ver que cada segundo sería decisivo para comenzar la retirada.
Las condiciones meteorológicas se deterioraron con pasmosa rapidez. El aire se volvió aún más frío, el viento se intensificó hasta sacudir las cuerdas y los cuerpos. En cuestión de horas, un auténtico torbellino de nieve y hielo los obligó a replantearse la ruta de descenso, empujándolos a buscar itinerarios alternativos menos expuestos.
Günther, que hasta ese momento había respondido con fuerza y determinación ante las dificultades, empezó a mostrar signos de agotamiento extremo. La gran altitud, el cansancio acumulado y la intensidad de la tormenta comenzaron a minar su vitalidad. Reinhold se dio cuenta de que la lucidez de su hermano menguaba y de que era necesario encontrar una vía de descenso más rápida y protegida. Fue entonces cuando, según los relatos, ambos decidieron buscar una ruta menos transitada, con la esperanza de esquivar los pasos más peligrosos.
La tragedia y la pérdida de Günther
El Nanga Parbat es una montaña que no perdona errores ni deja margen a la vacilación. Mientras trataban de descender por una vertiente diferente a la de su subida, azotados por el viento y la nieve intensísima, los hermanos se encontraron en un laberinto de grietas y seracs.
Los testimonios y los relatos de Reinhold Messner hablan de un momento de separación, un instante en que la oscuridad y la tormenta engulleron a Günther, arrastrado por una avalancha o por el colapso del manto nivoso. Justo allí, en el corazón del Himalaya, se consumó el drama que marcaría para siempre la vida de Reinhold y la historia del alpinismo.
La desesperación de Reinhold se mezcló con un instinto primario de supervivencia: solo en una situación extrema, sin oxígeno suplementario, privado del apoyo psicológico de su hermano y con un tiempo que no daba tregua, tuvo que luchar contra la culpa y el miedo para intentar descender hacia el valle.
Aquel descenso fue una odisea. Reinhold contaría después que sufrió alucinaciones, que padeció hambre y sed de manera atroz, que deambuló entre crestas y pedreras heladas, impulsado únicamente por la voluntad de sobrevivir y de contar lo sucedido.
Quizá fue su excepcional resistencia física, su dominio técnico y su fuerza moral —alimentada también por el amor fraterno— lo que finalmente lo devolvió con vida, a pesar de sus extremidades congeladas y de un cuerpo exhausto.
El regreso y la herencia de una expedición legendaria
El retorno en solitario y en condiciones físicas críticas marcó el inicio de otra fase difícil: Reinhold se encontró sin Günther, con el corazón desolado y los pies gravemente congelados, en un mundo que exigía explicaciones.
Surgieron polémicas: algunos pusieron en duda la dinámica del accidente; otros afirmaron que los hermanos habían discutido; otros criticaron la elección de una ruta de descenso “improvisada”.
Pero, más allá de controversias y reconstrucciones posteriores, la verdad más evidente fue la de una empresa inmensa, pagada con un tributo de sangre.
Reinhold Messner, marcado en cuerpo y alma, eligió honrar a su hermano relatando la verdad de los hechos desde su perspectiva, defendiendo durante años su versión sobre la trágica pérdida de Günther a causa de una avalancha.
La expedición al Nanga Parbat de 1970, con el ascenso en estilo alpino por la Pared Rupal y su trágico desenlace, se convirtió en un acontecimiento decisivo en la historia del alpinismo. Demostró que era posible —aunque extremadamente arriesgado— intentar las grandes cumbres del Himalaya con un planteamiento ligero y con una infraestructura de apoyo mínima, confiando principalmente en la técnica, la resistencia y la cohesión del equipo. Pero también dejó al descubierto el lado oscuro de la aventura extrema: la montaña no admite pactos y, cuando exige un tributo, lo hace sin previo aviso.
Lecciones aprendidas y legado espiritual
De aquella experiencia, Reinhold Messner se llevó un bagaje de enseñanzas que influirían en toda su futura carrera y en la visión del alpinismo moderno. Por un lado, el dolor por la pérdida de su hermano nunca lo abandonó, convirtiéndose en una herida abierta que lo empujó a superar nuevos desafíos en las cumbres más altas del planeta, siempre guiado por un profundo respeto hacia la naturaleza y su inconmensurable fuerza.
Por otro lado, la narración de esos momentos dramáticos contribuyó a redefinir el estilo alpino como la máxima expresión de libertad y responsabilidad individual en la montaña. La época de las grandes expediciones con ejércitos de porteadores y múltiples campamentos dio paso a un enfoque más esencial, donde la relación entre el hombre y la montaña se volvía más íntima, sincera y respetuosa.
La comunidad internacional del alpinismo también reconoció el impacto revolucionario de este episodio. El Nanga Parbat, ya conocido como la “montaña asesina” por la gran cantidad de accidentes mortales, adquirió un aura aún más mítica, entrelazando la historia de los Messner con el atractivo de una cumbre convertida en símbolo de desafío a lo desconocido.
El recuerdo de Günther Messner
La memoria de Günther, el hermano caído, sigue viva en las palabras de Reinhold y en la mente de todos los que admiran el alpinismo pionero. Es un recuerdo que no se desvanece, sino que se transforma en advertencia e inspiración: la montaña es maestra de humildad y, al mismo tiempo, alienta a ir más allá de los propios límites.
Durante años, Reinhold Messner luchó contra rumores y conjeturas, tratando de explicar la verdadera dimensión de la tragedia y reafirmando el profundo vínculo que lo unía a Günther.
El hallazgo de algunos restos de Günther, muchos años después, confirmó que el hermano fue arrastrado por una avalancha en la vertiente Diamir, poniendo fin a parte de las controversias y brindando un atisbo de paz a una historia marcada por polémicas y sufrimiento.
Conclusión: El sendero que nunca termina
La expedición de los hermanos Messner al Nanga Parbat en 1970 concluyó con un éxito alpino de gran relevancia histórica, pero también con una tragedia imborrable. La Pared Rupal, con sus hielos y su inmensa verticalidad, se convirtió en el escenario de una de las gestas más narradas y debatidas de la historia del alpinismo.
Este tercer y último capítulo de la aventura recuerda cómo, a gran altitud, la frontera entre la victoria y la pérdida es frágil, y cómo el coraje y la preparación pueden no bastar cuando la montaña decide mostrar su rostro más despiadado.
Sin embargo, si esta historia nos deja una enseñanza, es que el sentido profundo del alpinismo no reside únicamente en la conquista de una cumbre, sino en todo el camino que conduce a ella: desde el entrenamiento inicial hasta la comprensión de los propios límites, pasando por el encuentro con la parte más auténtica de uno mismo.
Hoy en día, el nombre de Reinhold Messner está asociado con los grandes retos del Himalaya y con el alpinismo extremo, pero su fama está impregnada de esa herida antigua que responde al nombre de Günther, el hermano desaparecido en una de las montañas más letales del mundo.
Lo que queda, en definitiva, no es solo el recuerdo de una hazaña, sino el legado de un estilo, de una visión ética de la aventura y de una profunda reflexión sobre el valor de la vida en entornos hostiles.
De esta manera, la expedición al Nanga Parbat de 1970 adquiere rasgos de una gran metáfora de la existencia: el ascenso y el descenso, el sueño y la pesadilla, la alegría del éxito y el dolor de la pérdida. Una historia que sigue inspirando a generaciones de alpinistas y amantes de la montaña, recordándonos que cada cumbre conquistada nos lleva a explorar los rincones más ocultos del alma y que, incluso en las tragedias más oscuras, late una semilla de conocimiento y belleza.
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Foto Wikimedia: Shirjeel Imran Malik