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LOS MISTERIOS DE OLTRECOLLE. CAPÍTULO 21: EL PROTOCOLO DE ORFEO

Slow Life
rMIX: Il Portale del Riciclo nell'Economia Circolare - Los Misterios de Oltrecolle. Capítulo 21: El Protocolo de Orfeo
Resumen

En el corazón de un pasillo sin ventanas, la sala de control del avatar vibra como una colmena eléctrica. Cada luz en los monitores representa una vida, una identidad, un engaño por orquestar. Cuando la luz de Elena Fermi destella en Val Seriana, los operadores se dan cuenta de que algo se resquebraja: un afecto persiste, una conexión que se resiste a ser domesticada. Matteo, su vínculo más frágil y poderoso, se convierte en una anomalía que podría comprometer la coherencia del sistema.

Valenti, con la frialdad de quien gobierna peones invisibles, inicia el "Protocolo Orfeo": mover al clon, saturar la realidad con eventos aleatorios, impedir que sus miradas se encuentren. Cada decisión está calibrada como una maniobra quirúrgica, cada obstáculo parece natural, pero está diseñado para desviar la atención. Mientras los servidores zumban y las pantallas trazan trayectorias invisibles, Matteo toma una decisión: no rendirse a un mensaje frío, sino buscar la verdad hasta encontrarla a los ojos.

Es un juego subterráneo, compuesto de mapas que cambian de trayectoria, tormentas programadas y accidentes planificados. Pero por encima de las estrategias, persiste una pregunta que ningún protocolo puede contener: ¿cuánto tiempo puede resistir un corazón ante la prueba de la duda de amar una sombra?

Entre mapas pulsantes, avatares programados y desviaciones invisibles, el destino de Elena y Matteo se decide en una guerra de logística y silencios


Cuentos. Los misterios de Oltrecolle. Capítulo 21: El Protocolo de Orfeo.

La sala de control de avatares se encontraba al final de un pasillo sin ventanas, rodeado de pantallas. El aire olía a ozono y plástico caliente; los servidores vibraban como colmenas, con una vibración constante que parecía seguir el ritmo de cada pensamiento. El tablero de mapas recorría la pared norte: una cartografía viviente, salpicada de ultraluces que parpadeaban con un ritmo hipnótico. Cada luz era un avatar. Cada avatar era un conducto.

A las 19:42, se encendió una luz de advertencia en la esquina superior izquierda de las estribaciones alpinas, en la provincia de Bérgamo. La luz no era la habitual: pulsaba a doble frecuencia, como un corazón latiendo.

"Alerta en L12, grupo Val Seriana", dijo la operadora de turno, una mujer delgada con las manos firmes en el trackball. "Categoría A2: profesional de la salud. Prueba cruzada exitosa: psiquiatra. Nombre del avatar: Elena Fermi".

Las palabras ahogaron el aire. Dos técnicos levantaron la cabeza; el eco de la afición se hizo más fuerte, como si los camareros contuvieran la respiración. Al otro lado, tras un cristal opaco, una figura se deslizó: Valenti.

Entró en silencio, cerrando la puerta tras él. "¿Línea de tiempo?", preguntó, ya cerca de la pantalla, con las gafas medio caídas.

Alerta activa durante cuarenta segundos. Origen: Oltrecolle, microcelda residencial. Patrón de contacto cercano: número repetido, mismo dispositivo, origen estable. Presunta pareja. Posible convergencia física en 48 horas.

Valenti ni siquiera asintió. "Triangular".

Tres círculos de persecución se abrieron en la pantalla. El operador los observó fijamente. «Compare con el diario del clon: el clon de Fermi está en modo de alta utilización. Últimos tres días: doce horas de actividad promedio, cuatro contactos de habilitación, dos transferencias preparatorias. Todo conforme».

"¿Contacto emocional?" preguntó Valenti.

Hombre. Matteo R. — Oltrecolle. Historial de alta cercanía, de intensidad creciente. Última llamada: hoy, 12:16 p. m. Anomalía semántica: el clon usó un lenguaje de sala sin los marcadores afectivos habituales. La otra parte detectó una discrepancia y propuso contacto físico. El clon se negó. Probabilidad de que el interesado intentara una visita durante el fin de semana: 61 %.

De fondo, un técnico silbaba suavemente. Valenti lo fulminó con la mirada. «Baja el ruido, por favor».

El técnico guardó silencio. El operador continuó: «Si converge, corremos el riesgo de comprometer la coherencia narrativa. Los afectos son impulsores impredecibles. El clon puede resistir, pero...».

—Pero no tenemos por qué llegar hasta ahí —lo interrumpió Valenti—. Ahora no. —Se apoyó en el borde de la consola—. ¿Tiene perfil la persona en cuestión?

Sin antecedentes médicos. Alta resiliencia. Patrón de tratamiento. No descarto conducta exploratoria: podría presentarse al trabajo o intentar una estancia prolongada.

Valenti se pasó el pulgar por los labios, un gesto breve y antiguo. «Un afecto persistente es como un clavo en la madera: al final entra. Y cuando entra, se desquicia. No.»

Se volvió hacia el operador. «Mueva el clon».

"¿Destino?"

Lejos. Pero congruente. Ya veo... Un momento de silencio, el mapa pulsando, los servidores zumbando. Pistoia. Psiquiatría. Tienen las puertas abiertas y falta personal. La narrativa perfecta: emergencia nacional, traslado temporal. Fin de semana: traslado el sábado por la mañana, turno el domingo. Sin ventanas de visita.

El operador frunció el ceño. "Necesitamos configurar la estructura administrativa: correos electrónicos, firma digital, contactos en lengua de señas, llamadas telefónicas. Puedo tenerlo todo listo en dos horas. ¿Y qué hay de la justificación para tu compañero?"....

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