En la oscuridad de la noche, Elena se lanza a una búsqueda desesperada de los hechos que la han abrumado. Armada solo con una libreta, un teléfono y su propia visión nítida, se lanza a una lluvia de llamadas a pabellones psiquiátricos y antiguos colegas, buscando pruebas objetivas de hechos que desafían toda lógica. Pero cuanto más se acumulan las confirmaciones oficiales, más se desmoronan sus certezas, revelando una realidad inestable, donde la presencia y la ausencia se fusionan, y lo que se vio podría no haber sucedido nunca.
Una conversación con una figura del pasado le brinda información impactante, capaz de revolucionar cualquier idea establecida. Elena se encuentra así al borde de una paradoja, donde la verdad ya no es sólida, sino porosa y engañosa.
Sin embargo, en la hora más oscura, también surge una llamada a la normalidad: un regreso a la vida cotidiana, a la fiesta del pueblo, a la humanidad. Y entre luces suspendidas en los árboles, platos sencillos y risas genuinas, algo profundo cambia. Pero la línea entre la evasión y la realidad sigue siendo delgada, y la sombra de un enigma mayor se cierne silenciosamente más allá de las apariencias.
Entre la psiquiatría, el engaño y las apariciones imposibles: la investigación de Elena revela un inquietante doble sentido de la realidad
Cuentos. Los misterios de Oltrecolle. Capítulo 11 B. Elena y la paradoja de la verdad.
De vuelta en el hotel, Elena sintió una nueva urgencia creciente, llena de dudas, miedos y un deseo casi obsesivo de poner orden en el caos de sus experiencias. Sentada en la cama, con el cuaderno abierto sobre las rodillas, decidió que ya no podía confiar solo en sus percepciones: necesitaba confirmación objetiva, respuestas claras e inequívocas. Así que cogió el teléfono y marcó el número del hospital psiquiátrico de Gallarate, donde, según los archivos, se encontraba internada la Sra. Claudia Rottoli, tras haber sido objeto de una conversación que ahora parecía casi surrealista.
Tras una breve espera y los intercambios habituales con la recepcionista, logró comunicarse con la jefa de departamento. Se presentó, explicando que era la Dra. Fermi, asignada para atender una consulta al profesor Visconti.
Con voz tranquila pero firme, preguntó:—Disculpe la pregunta quizás inusual, pero sólo quería saber si la señora Claudia Rottoli estuvo presente regularmente en el instituto ayer, sin ninguna ausencia en particular.
Al otro lado de la línea, el capataz parecía casi sorprendido:
—Sí, doctor, la Sra. Rottoli nunca ha faltado. Ayer siguió su rutina habitual: terapia, actividades recreativas, sin episodios ni permiso para salir del centro. Todo está registrado en el registro.
Elena le dio las gracias, se despidió rápidamente y terminó la llamada con un apretón de manos. Respiró hondo, intentando ordenar sus ideas, y dio el segundo paso en su "prueba literal": marcó al Hospital Faccanoni, preguntando por el departamento de psiquiatría y el Dr. Ciceri...
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