Sumérgete en la desgarradora experiencia de la Dra. Elena Fermi, atrapada en una vívida pesadilla claustrofóbica. Rodeada de luces cegadoras y paredes que se encogen, Elena lucha contra una creciente sensación de opresión que amenaza con aplastarla, llevándola al límite de su percepción.
Tras enfrentarse a esta impactante prueba, la Dra. Fermi se prepara para otra fase crucial de su investigación. Su viaje la lleva a través de los evocadores paisajes del lago Iseo y los valles de Bérgamo, por un camino que la llevará directamente al corazón del misterio. Su destino es Oltrecolle, un lugar cargado de historia y secretos, donde, entre los antiguos archivos de una polvorienta biblioteca, espera encontrar las respuestas que la atormentan. ¿Podría ser esta la última pieza del rompecabezas que espera ser resuelta? Prepárese para una inmersión profunda en la psique humana y los misterios que se esconden en los pliegues de la memoria.
Un médico, un paciente enigmático y las sutiles aristas de la percepción. Descubre la verdad oculta en Oltrecolle
Historias. Los misterios de Oltrecolle. Capítulo 10. El laberinto mental de Elena: ¿Pesadilla o realidad?
Luces cegadoras, frías e implacables. Paredes grises, sin aberturas, sin un atisbo de luz natural, solo superficies lisas y frías que reflejaban los destellos intermitentes de las ásperas luces de neón. Elena estaba atrapada en una habitación que parecía no tener límites, pero cada vez que daba un paso, el espacio se encogía. Los cubículos —ángulos agudos y claustrofóbicos— se componían y descomponían a su alrededor, encerrándola como una trampa mecánica, impidiéndole respirar.
Cada pared parecía cerrarse lentamente, una presión implacable le oprimía el pecho. Jadeaba en busca de aire, pero el oxígeno parecía desvanecerse, absorbido por el acre olor a plástico y metal. Un ruido ensordecedor, un zumbido constante mezclado con fuertes descargas eléctricas y un ritmo palpitante, llenaba cada rincón del cubículo, ahogando sus gritos. Gritó pidiendo ayuda, pero su voz se perdió entre las paredes lisas, rebotando en superficies que no desprendían eco humano.
Intentó arañar las paredes, golpeándolas con los puños, pero no hubo respuesta. Ningún sonido, ninguna vibración, solo el ruido inhumano e imparable que lo ahogaba todo.
Las luces parpadeaban intermitentemente, proyectando sombras retorcidas en las paredes, creando figuras inquietantes que se acercaban amenazadoramente cada vez que cerraba los ojos. El pánico se apoderó de ella: el corazón le latía con fuerza, las manos le temblaban, la piel sudorosa y fría.
El tiempo parecía haberse detenido en ese limbo artificial, sin día ni noche, sin ninguna esperanza de escape.
Las paredes seguían acercándose, centímetro a centímetro, como si quisieran aplastarla, borrar su presencia. La habitación se hacía cada vez más pequeña, el ruido cada vez más fuerte, las luces cada vez más despiadadas....
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